martes, 29 de septiembre de 2009

EL DIVORCIO COMO AFECTA A LOS HIJOS


Pese a ser hoy una gran realidad, a pocos niños se les prepara para afrontarlo. Incluso cuando la noticia se les da con tacto, su reacción, aseguran los expertos, es casi siempre la misma: conmoción, seguida por depresión, negación, enojo, pérdida de autoestima y, en particular entre los preadolescentes, la sensación de que hasta cierto punto son responsables de lo ocurrido.

Inclusive los pequeños de entre dos y cuatro años se sienten culpables, y no es raro que den marcha atrás en su desarrollo, volviéndose más dependientes: mojan nuevamente la cama, piden que les den de comer en la boca.

Los de entre seis y ocho también asumen con frecuencia la culpa de la ruptura y, encima, temen que sus padres los abandonen o dejen de quererlos. "Ya tienen conciencia clara de lo que significa la separación, y muchas veces se sienten sumamente frustrados porque no consiguen evitarla o revertirla", señala el doctor Alonso Cantú Lozano, director de la clínica de niños y adolescentes de la Asociación Regiomontana de Psicoanálisis. Según muchos expertos, se trata de una de las etapas más críticas para los hijos de padres divorciados, y donde hay más pequeños afectados.

Algunos niños, en especial los varones cuyo papá se ha ido, tratan de reemplazarlo. Se tornan protectores con la familia. Un niño de ocho años, el día en que su padre se marchó, anunció que a partir de entonces iba a dormir con su madre para cuidarla.

Entre los 9 y 12 años el sentimiento más característico es el enojo hacia uno de los padres, generalmente con el que se quedan a vivir. éste suele perder valor a sus ojos por su supuesta incapacidad para retener al cónyuge, explica María Teresa Sáenz Chapa, coordinadora de la clínica del Instituto de la Familia. Una pequeña de diez años, sumamente molesta, increpó cierto día a la mamá: "¡Tú tienes la culpa de que mi papá se haya ido!"

La problemática de los adolescentes es distinta. A ellos, más que el sentimiento de culpa, los aflige un dilema de lealtad. "Los padres los ponen entre la espada y la pared", explica la psicóloga Margarita Hernández Hemken. "Mi mamá quería que me fuera con ella", cuenta una muchacha de 14 años. "Pero mi papá me dijo: "Si te vas con ella, no me vuelves a ver. Yo no quiero una hija de sábados y domingos'. A cada rato decía que mi mamá había tenido la culpa del divorcio".

También el sexo del niño determina la forma en que repercute el divorcio. De acuerdo con Lilia Araceli Flores Ruiz, profesora de la Facultad de Ciencias de la Conducta, de la Universidad Autónoma del Estado de México, de entre los hijos de padres divorciados, los varones son los más perjudicados. "Como se espera más entereza de ellos y se piensa que pueden salir adelante solos, reciben menos atención y exteriorizan menos sus emociones", dice.

Los adultos propician esta conducta, agrega Hernández Hemken. "Les dicen: "Ahora tú eres el hombre de la casa', sin darse cuenta de que son unas criaturas".

Independientemente del sexo y la edad, los hijos desean siempre, a veces con verdadera obsesión, reunir de nuevo a sus padres. Un niño de siete años se fue abajo en sus estudios a raíz del divorcio. Como los profesores citaban a la escuela únicamente a la mamá, pidió que llamaran también al padre. Quería que fueran los dos al mismo tiempo y se contentaran.

Pocos se toman la molestia de comunicar a sus hijos qué ocurre y por qué, advierte el doctor Mario Souza y Machorro, uno de los pioneros en el estudio de este tema en México. Ellos acaban imaginando, pero lo que imaginan rara vez coincide con la realidad. Una pequeña de siete años, al ver que su padre estaba haciendo la maleta, supuso que se iba de viaje. Al otro día preguntó por él, y su madre le dijo que ya no iba a regresar. "Sentí bien feo", refiere la niña.

Resulta complicado y confuso acostumbrarse a vivir entre dos hogares, con un padre en cada uno. El costo del juicio y el mantenimiento de dos casas suele mermar considerablemente el nivel de vida. Tras el divorcio, una mujer y sus dos hijos --uno de nueve años, y otro de diez-- tuvieron que mudarse a casa de los abuelos. Ella y uno de los chicos duermen en un cuarto, y el otro, en el comedor, transformado en recámara. Muchos de estos niños pierden de golpe, además de uno de los padres, la casa, la escuela, los amigos e inclusive parte de la familia.

¿Cuánto tarda en adaptarse un hijo de padres divorciados? Entre otros factores, depende de su edad y de la estabilidad de su vida tras la separación. Souza y Machorro hace notar que, si bien en ocasiones nunca superan el golpe, de ordinario bastan uno o dos años para que acabe de aceptar su nueva realidad.

Los estragos del divorcio en los niños pueden atenuarse desde el principio si se les dice la verdad con tacto y se les tranquiliza acerca del futuro. "Los hijos llegan a disculpar la separación, pero no la falta de información y la incertidumbre", dice Sáenz Chapa.

Es de vital importancia asegurarles que siempre contarán con el cariño de ambos. El doctor López Uriarte recomienda "dejarles claro que el divorcio es un asunto de papá y mamá, y que ellos no tienen la culpa, ni la obligación de hacer algo para que no se separen o se reconcilien".

El bienestar emocional de los hijos depende en buena medida de la relación que lleven los padres después de la separación. Su recuperación se entorpece si los vuelven mensajeros o espías, si los obligan a escuchar críticas y quejas sobre el otro, o si les prohíben verlo. "A muchos los convierten en rehenes de sus rencores", advierte Hernández Hemken. "Hay madres que llegan hasta el extremo de sacarlos de la casa y hacerlos esperar largo tiempo en la calle al padre, que pasará por ellos para la visita de fin de semana".

El divorcio no es fácil para ningún niño, pero algunos salen bastante bien librados. Desaparecida la tensión matrimonial, recuperan la confianza en sí mismos y se sienten relajados. La mayoría de los expertos aseguran que pueden salir favorecidos con la separación, y que se encuentran mucho mejor apartados de los pleitos conyugales. Durante 12 largos años, dos hijos de un matrimonio vieron a sus padres tratarse a gritos y golpes. Luego del divorcio disminuyó su miedo y su estrés. "Ahora tienen unos padres más sanos y tranquilos, y se llevan bien con ambos", dice Carolina Rodríguez, terapeuta del Instituto Superior de Estudios de la Familia.

Para bien o para mal, el divorcio sigue dividiendo familias a un ritmo preocupante. Por más que padres e hijos luchan por salir adelante, a veces con ayuda profesional, el divorcio y sus consecuencias pueden convertirse en un laberinto de conflictos y confusión que quizá nunca acabe de resolverse.

La regla de oro aquí es que, no obstante haberse separado, las parejas permanezcan unidas como padres. "Deben sacar adelante juntos a los hijos", afirma el padre Ignacio Díaz de León, sacerdote de los Misioneros del Espíritu Santo que coordina un grupo de autoayuda para divorciados. "El cuarto mandamiento también obliga a honrar a los hijos".

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